LA DIGNIDAD TIENE NOMBRE

‘DARI’ es la Casita donde las miradas se cruzaban entre la incredulidad y el ‘no te puedo contar’. El primer sentimiento partía de nosotros, de los maakianos que, a pesar de los años, nos cuesta entender. El segundo, de los niños y niñas que viven allí y que saben que el silencio se convierte en su mejor cómplice para no enfadar a quienes llenan su olla.

Imagina a una veintena de niñas y niños viviendo solos, gestionando su casa como una familia donde el papel de mamá recae en una niña, de 15 años, que te dice entre lamentos: ‘yo limpiar, yo cocinar, yo atender… yo, no poder más’… donde el ‘nombrado’ papá, de apenas 14, asume su liderazgo sabiendo que los errores tienen consecuencias… y los hay, aunque él los tapa con sonrisas y con la desviación de la mirada para auto- protegerse, para restar importancia a una realidad pesada y soez. Pero nuestros pequeños sonríen porque no conocen otra cosa, porque son felices y ríen a carcajadas cuando nuestro monstruo de colores se enoja y no saben explicar qué le provoca enfado, tristeza… allí triunfa -aparentemente- la alegría.

Pero los pequeños crecen y salen de la burbuja DARI. Fuera está ANJAL, el piso de las chicas, está ZEITUN, fuera hay otros… chavales que en cuanto tienen el puñado de papeles que les dice quiénes son, corren a Ceuta; eslabones perdidos que no encuentran su espacio y la soledad podría ser su apellido más acertado; niñas que ya no sueñan con ser azafatas de vuelo y estudiar inglés… ahora deben cuidar de las más pequeñas y  hay adultos que juegan a ser esos niños para así tener ventaja a la hora de divertirse jugando a las tres en raya, colarse para hacer el pintacaras o no quedarse sin chapa reutilizada donde indicar quiénes son. Porque la DIGNIDAD tiene nombre: se llama Salah, tiene parálisis cerebral y este año sobrevivió a un accidente de tráfico… un coche arrolló su silla de ruedas motorizada, no se paró a ayudar… le dejó magullado, asustado, en shock y triste. De las heridas se recuperará, de la incomprensión ante la huída, del rechazo a permitirle explicar qué paso tardará más. Sobrevivió y es lo que importa. A escondidas le dije:

-‘¿Recuerdas la capa de tiza pintada en el suelo con la que te fotografiamos el año pasado?’

-Él –sorprendido- me miró con esos ojos que sólo Salah sabe poner...

-‘¡Pues eso… que sólo los superhéroes sobreviven a mil batallas!'-exclamé.

Y Salah sonrió y me abrazó. Y esos ABRAZOS curan el alma. El de ellos y el nuestro y el de las madres que este año han participado en las actividades que hemos hecho con la Asociación NOUR, con esos niños y niñas con capacidades diferentes. Maakianas, maakianos… ¿no pensáis que los movimientos más elegantes de este verano los hacía nuestro Perezoso?, ese niño a quien despertamos la mirada con nuestros juegos… sus esfuerzos por levantar una mano tardaban algo más, pero el lenguaje del corazón siempre ha sido universal.

¡Ay si supiera Rosa León lo que da de sí “Debajo un botón del señor Martín”…! Esa canción siempre le ha encantado a nuestra niña-mujer autista, Auatef, (ya sabéis que también tenemos la versión heavy!) este año hemos ampliado el número de seguidoras de esta sintonía. Ha servido para calmar a una niña que lloraba sin parar… el tín-tín y el tón-tón fue la melodía que reubicó su sentir y bajó una escalera, pintada como las teclas de un piano, al ritmo que marcaba el Ratón chiquitín.

Podría contar mil anécdotas, un sinfín de historias pero no quiero olvidarme de vuestras miradas, compañeras y compañeros de aventura. De esos ojos humedecidos por la emoción, de esas risas que nos han hecho llorar, de ese abrazo de amiga real, de la duda de quien no quiere fallar, de la generosidad personificada, de la fuerza de mujeres-pilas alcalinas, de las cabezas pensantes, del silencio que lo dice todo y de la tolerancia, el respeto, la amabilidad y el cariño con el que hemos vivido este Marruecos 2019.

Y tú… aún estás a tiempo… MAAK continúa, ¿te sumas?

 

Mayra Herrero.

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